Guía para padres


    1 El Embarazo: Preparación
    2 En la Clínica: Los primeros minutos…
    3 La vuelta a casa
    4 Lactancia Materna
    5 Cuidados Generales
    6 Calendario de vacunas
    7 Evite accidentes

    1. El Embarazo: Preparación

    Alimentación

    Es importante que lleves una alimentación equilibrada que incluya un suplemento de ácido fólico, ya que se ha visto que su carencia puede ser causa de malformaciones fetales. Si tienes un peso muy por debajo del ideal para ti o un sobrepeso importante, este es el mejor momento para que te plantees una valoración endocrinológica/nutricional y una solución a estos problemas antes de que quedes embarazada.El hecho de estar embarazada no significa que se deban aumentar mucho las calorías que se ingieren a través de los alimentos, sino que se trata fundamentalmente de alimentarse de forma saludable. Durante los tres primeros meses de embarazo no es necesario incrementar las calorías de la dieta, si bien es necesario aumentar la ingesta de nutrientes como el ácido fólico, puesto que reduce el riesgo de aparición o desarrollo de alteraciones en el sistema nervioso del feto; es decir, de espina bífida. Es a partir del cuarto mes de embarazo cuando se debe incrementar el valor calórico de la dieta en 250 calorías por encima de lo habitual. Por lo general, dicha energía extra se cubre aumentando el consumo de lácteos y de alimentos ricos en hidratos de carbono como el pan. Es más, con un vaso de leche, y 4 dedos de pan extras, ya se consigue el aporte energético de las 250 calorías diarias. Por lo tanto no se trata de duplicar el consumo de alimentos -estar embarazada no significa tener que comer por dos-. El objetivo principal se centra entonces en cubrir totalmente las necesidades de energía y sobre todo de aquellos nutrientes de los hay una mayor demanda en la gestación como el calcio, el hierro, el iodo o el ácido fólico, entre otros.

    Control Ginecológico

    Te recomiendo, antes de la búsqueda del embarazo, un chequeo o revisión ginecológica completa. Además de la búsqueda de factores de riesgo y la exploración física, el chequeo debe incluir la realización de un Papanicolau  y una ecografía ginecológica. También debe llevarse a cabo una analítica general con pruebas para conocer si tienes defensas contra algunas enfermedades infecciosas que pueden poner en riesgo el embarazo, o conocer si actualmente presentas alguna infección que ponga en peligro tu salud y al embarazo.

    ¿Cuándo es el mejor momento?

    Hablar de "una buena edad" para quedar embarazada hoy en día es difícil dado que cada vez se pospone más la búsqueda del primer embarazo por múltiples circunstancias, generalmente económicas, de trabajo o estudios y estabilidad en la pareja. Lo que te sugiero es evitar los extremos de la edad fértil, es decir, los embarazos en adolescentes y los embarazos en mujeres mayores de 40-42 años, pues sabemos que las complicaciones y los riesgos son más elevados.

    Guia para padres

    Padres

    Los padres, que habitualmente toman de común acuerdo la decisión de traer un hijo al mundo, deben mantener la misma sintonía tras el nacimiento. Para evitar las posibles discrepancias y facilitar una labor que debe ser compartida, es importante que los padres dialoguen y expongan de antemano las propias expectativas, deseos y opiniones respecto al hijo y a su crianza, acordando el papel que cada cual va a desempeñar en ella y las responsabilidades que está dispuesto a asumir. Al fin y al cabo, tener un hijo aporta numerosas experiencias positivas y desarrolla en los progenitores unos lazos afectivos capaces de superar con creces las dificultades que pudieran surgir en su cuidado y crianza.

    Confianza

    Con el progreso del embarazo, y por más tiempo y energías que se hayan dedicado a prepararse para saber cuidar del bebé, crece muy a menudo la sensación de sentirse poco capaz de ello. Esa inseguridad es un sentimiento absolutamente normal en personas responsables. Y si las madres afirman que con el segundo hijo todo les resulta mucho más fácil, no es tanto por lo que han aprendido con el primero, sino por la confianza que han adquirido en sí mismas. En todo caso, es razonable sentir una cierta ansiedad, pero también conviene pensar que la naturaleza no hace tan mal las cosas. Los bebés no son tan frágiles como aparentan, y si los animales saben lo suficiente para sacar adelante a sus cachorros, la especie humana también puede hacerlo. De hecho, es recomendable que los padres recurran más a su instinto y sentido común, y aprendan a olvidarse de tópicos e ideas equivocadas, que a veces se acumulan casi inconscientemente.

    La Información

    La madre primeriza, más receptiva a cualquier información sobre los bebés cuanto más próximo es el nacimiento del suyo, lo lee todo y lo pregunta (o escucha) todo (y de cualquiera), acabando abrumada por un exceso de información que presenta la crianza como una complicadísima labor. Suele estar confundida por opiniones tan tajantes y aparentemente seguras como contradictorias, y con un bagaje de tópicos, exageraciones y errores, que pueden llegar a ser peligrosos y hacerle perder la confianza en el propio sentido común.
     
    Conviene también ser precavido ante los bienintencionados consejos de amigos y familiares, que tienden a generalizar a partir de la propia experiencia. Todos los niños son distintos y la receta que pareció irle bien a uno no tiene por qué valer necesariamente para otro, de modo que hay que ser prudente y no hacer demasiado caso al aluvión de opiniones y críticas que cae sobre los nuevos padres. La familia transmite de generación en generación creencias y prácticas que pueden ser erróneas y que obedecen más a la tradición que al sentido común. Afortunadamente, suelen ser más engorrosas que nocivas pero, equivocadamente, inician a los padres en el mal hábito de prescindir del recurso más importante de que disponen para ejercer su tarea: la razón. Así, mojar el cordón umbilical no es ningún crimen (otra cosa es mantenerlo húmedo), tocar con naturalidad la fontanela (la "mollera") de los recién nacidos no les causa el menor problema, ni tienen por qué pasarse un mes sin salir a la calle. Pero lo peor de mantener esas creencias no es que algunos padres se vean obligados a lavar a su bebé "a trozos" durante las dos o tres semanas que puede llegar a tardar en caer el cordón o que una sospechosa costra prolifere sobre su intocable fontanela, o que el aburrimiento consuma a la familia entera hasta que acaba una gratuita cuarentena, sino que, al aplicar normas sin sentido común, se empieza a creer que la crianza es un proceso misterioso y difícil, cuando en realidad no es así.
    Es cierto que es un camino no exento de dificultades, que hay que estar dispuesto a aceptar con paciencia. Por ejemplo, los primeros días de lactancia materna pueden resultar agotadores y son muchas las madres que sufren un estado depresivo después del parto; obstáculos, sin embargo, que la maternidad pronto compensa con creces. Por otro lado, el primer contacto con el recién nacido suele provocar una fuerte reacción afectiva, pero si algunas madres no sienten en ese momento unas emociones tan positivas como se anuncia, tampoco hay que extrañarse, pues eso no significa que no vayan a poder querer y cuidar a su hijo perfectamente. Es incluso posible que el llanto y las exigencias de un bebé inquieto abrumen tanto a los padres que en algún momento lleguen a tener algún sentimiento de rechazo hacia él, pero dando por descontado que no se va a convertir en hechos, no hay que alarmarse ni culpabilizarse por ello.

  2 En la Clínica: Los primeros minutos… >>  


 


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